Maternidad, Mujeres AC/DC, Puerperio y lactancia, Slide Mi Parto Feliz – Historia de un PVDC junio 4, 2018

Mi Parto Feliz de Lédif Torres
Mi Parto Feliz de Lédif Torres – Historia de un Parto Vaginal después de una Cesárea

Hoy es 4 de junio de 2018 y quiero contarte cómo sucedió mi primer parto feliz.

Antes que nada, quiero que sepas que soy madre de dos niñas, Valentina de 5 años nació por cesárea, fue una decisión de emergencia que muy pronto contaré en un post, y Grecia nació por parto vaginal después de una cesárea, hoy cumple 3 años y es la protagonista de esta historia.

Tenía 40 semanas y 5 días, estaba en la piscina con mi hija mayor, haciendo los que serían los últimos ejercicios prenatales en el agua. Al llegar a la casa, luego de ducharnos, Valentina se durmió, me doblé para darle un beso y al salir del cuarto sentí que algo húmedo corría por mis piernas: ¡Rompí fuente!

Eran las 6:05 de la tarde, mi esposo ya estaba trabajando. Mi madre se puso tan nerviosa que empezó a dar vueltas por toda la casa.

Enseguida mi esposo llegó a buscarme y nos fuimos al hospital. Él iba super nervioso y a mí no se me quitaba la sonrisa de la cara. Estaba tan feliz que sentí cómo se disparaba toda mi sensibilidad femenina.

Las primeras 12 horas de labor de parto estuve caminando, respirando y danzando al son de las contracciones, me reía a carcajadas y visualizaba ese momento de tener a mi bebé en los brazos.

Cuando habían pasado 24 horas, aunque estaba muy cansada y empecé a sentirme confundida, logré mantenerme firme en la decisión de parir. Las doctoras me hablaron de la posibilidad de hacer cesárea, ya que habían pasado muchas horas desde que rompí fuente y tenían miedo de que contrajera alguna infección, pero me sentía bien, sabía lo que quería y sabía que lo lograríamos.
Mi esposo estuvo conmigo todo el tiempo. Mi madre había ido a verme con mi bebé mayor y tuve el apoyo vía whatsapp de tres amigas/hermanas doulas de Venezuela y de las mujeres de mi familia, empezando por mis hermanas. ¡Las amo a todas!

Y aquí es donde quiero mostrarte la verdad detrás de esa felicidad. Es una verdad cruda y dolorosa pero es mi deber contar las cosas con los mayores detalles posibles.

¡Soy sobreviviente de violencia obstétrica!

Es verdad que durante las primeras 12 horas de labor de parto tuve la libertad de reírme, conversar, caminar, bailar y danzar al ritmo de las contracciones. Me sentí poderosa y valiente. Había ingresado a la sala de parto alrededor de las 8 de la noche y hasta el amanecer iba a estar acompañada por un equipo de parteras y enfermeras. Ellas me trataron bien, estuvieron abiertas a las peticiones de mi plan de parto aunque no estaban completamente de acuerdo con algunos detalles, como por ejemplo caminar y bailar libremente. Sin embargo llegamos a un acuerdo: iba a estar en la cama una hora descansando y la otra hora podía levantarme a caminar y moverme como quisiera, y así lo hicimos.

Al amanecer llegó el cambio de guardia y las cosas cambiaron. El nuevo equipo de mujeres que me atendía no tenía ni las ganas ni la flexibilidad mental para aceptar mi propuesta del plan de parto. Y así fue como comenzó lo que se convirtió en una pesadilla.

Para empezar me prohibieron moverme de la cama y honestamente mi intención era no hacerles caso pero la enfermera lo sabía así que me instaló una serie de aparatos y cables por todo el cuerpo y acomodó los monitores de una forma que no pudiera salir de la cama ni siquiera para ir al baño. Además, prendió el televisor del cuarto en contra de mi voluntad; obvio que mi esposo lo apagó pero cada vez que ella entraba lo prendía a todo volumen y al igual que hacía con las luces de la habitación pero esto fue sólo la antesala a lo que venía.

Al ver que la dilatación iba muy lenta, decidieron empezar la inducción del parto, primero por medio de una sonda Foley, lo cual consiste en introducir un tubo llamado “sonda Foley” en el cuello uterino. Esta sonda tiene un pequeño globo en la punta que la doctora puede inflar después de introducirlo en el cuello uterino. El globo pone presión contra el interior del cérvix, y suavemente lo abre. A veces esto causa que comiencen las contracciones y el trabajo de parto.

Todo lo que he leído al respecto señala que esta maniobra no genera dolor en la mujer que lo recibe, sin embargo, yo sentí mucho dolor y cada vez que lo intentaban me dolía más y más. Por eso, mientras escribo estas líneas y medito al respecto, se me ocurre que probablemente me engañaron y lo que me hicieron fue algo más que introducir una sonda. Estoy segura de lo que sentí y era como si la mujer intentara poner un gancho en mi cuello uterino. El problema es que fueron 4 intentos, y pretendía seguir pero mi esposo se los prohibió.

Para ese momento, ya me había “ido”, ya no era la yo alegre que había entrado al hospital unas horas antes. En medio de todo el malestar fue cuando empezó la presión psicológica y emocional. Durante esas 12 horas del día, el equipo médico de turno me maltrató, abusó de mi estado y me llevó a estar en un plano desconocido para mí, uno en el que estaba vulnerable e indefensa, con un cansancio que me ganaba. Y justo cuando se me fueron las luces vinieron a decirme que me tenían que poner la epidural porque había una alta probabilidad de que el nacimiento de mi hija fuera por cesárea. Recuerdo que llorando les pedí que me dejaran retomar mi ritmo, que yo podía controlar el dolor pero me dejaran volver a caminar y a danzar, pero se negaron y me amenazaron, me asustaron y después de varias respuestas negativas de mi parte, tuve que acceder a la presión. Me inyectaron y el mundo se me vino abajo, ya ni siquiera podía mover mi cuerpo, estaba desmoralizada, llorando y con muchas ganas de vomitar.

Le agradezco mucho a mi esposo por su paciencia, su muestra de valentía y su amor para cuidarme y acompañarme todo ese tiempo. Y aunque todo era nuevo para él, mantuvo firme su decisión de confiar en mí y en el camino que había escogido.

A las horas de haber recibido la anestesia llegaron mi mamá y Valentina a verme y casi no lo recuerdo. Sólo sé que lloré mucho, hablé disparates que mi madre no entendió y lo único que le dije con claridad fue que se fuera y se llevara a la bebé porque no quería que me viera así… Todavía nos quedamos en silencio cuando recordamos aquel episodio.

Llegada la noche, hubo un nuevo cambio de turno y de equipo médico. Volvieron las mujeres que me habían atendido mejor. Lloré de alivio y felicidad. La enfermera se sorprendió mucho al verme ahí ¡todavía con barriga!. Me dijo que con lo bien que había estado la noche anterior, se imaginaba que habría tenido un parto rápido y fácil.

Para ese entonces, ya no tenía tantas fuerzas y estaba muy triste pero la enfermera de la noche y las parteras vinieron a darme ánimos. Pero claro, a estas alturas ya yo estaba a la defensiva, sentía rabia y no les creía lo que me decían. Sé que ellas lo entendieron porque asumieron un papel de cuidadores, me hablaron con paciencia, con amor y hasta con empatía, diciéndome que sabían el gran esfuerzo que estaba haciendo y que dentro de poco iba a tener a mi bebé en mis brazos.

Un poco antes de la medianoche y habiendo pasado 30 horas desde que empezó la labor de parto, una de las doctoras me recomendó que aceptara la oxitocina. Me dijo que sabía que yo era capaz de producir toda la que necesitara pero que en el estado en el que me encontraba, esa inyección sería una ayuda para terminar de dilatar lo que faltaba. Así que al final, acepté.

Cuando me pusieron el pitocin (medicamento que cumple el papel de la oxitocina), sentí que me desvanecía. Ya no podía más y me entregué. Recuerdo que dormitaba por ratos y sólo despertaba cuando venían a hacer el chequeo de la dilatación. Tengo muy clara la imagen de aquella partera que con su español chueco me decía: “Ánimos, mami. Ya falta poco”

Así pasaron 33 horas.

Cuando la partera dijo: “Ya llegaste a los 9cm, ¡Falta muy poco!”, sentí cómo mi cuerpo se incorporaba y recibía una fuerza y una energía inexplicables. En ese momento sentí en carne viva eso que llaman transformación. Me sentí una wonderwoman de la vida real.

Mi esposo acomodó la cama como le pedí, de manera que quedé casi sentada. También me ayudó a doblar las piernas y entonces llegó la recta final.

¡NO TENGO PALABRAS!

Fue ¡¡¡MÁGICO!!! Otra vez me sentía fuerte, poderosa y valiente. Tenía dolor pero no me importaba. Estaba tan desbordante de esa energía mágica que ya no escuchaba, ni entendía nada. Es como si por unos minutos me hubiera metido en una burbuja donde sólo estábamos mi esposo, mi bebé y yo (aunque en la sala de parto había un gentío)

Empezaron las contracciones seguiditas, sin pedir permiso, una tras otra. Y contaba, y respiraba. Y sentí que la voz de Consuelo Ruiz Vélez se unía a nosotros, y me recordaba la forma correcta de respirar en ese momento: “cambia la respiración anhelante por la respiración bloqueada”. Y yo aguantaba el aire, apretaba los dientes y apretaba la mano de mi esposo. Las parteras estaban más excitadas que yo, aplaudían y gritaban. De repente una de ellas dice: “aquí está la cabeza de Grecia. Papi, ¿quieres tocarla?” Y él dice: “No, gracias” (casi se le salen los ojos de la impresión) Entonces me dijo a mí: “mami, ¿tú quieres tocar la cabecita de Grecia?” Y por supuesto que la toqué. Y ahí, justo ahí fue cuando ocurrió mi cambio de piel y de alma. Ahí, justo ahí fue donde dio un paso atrás la Lédif que había entrado al hospital para darle paso a esa nueva Lédif transformada, viva y vibrante. Ahí, justo ahí fue cuando nació una nueva madre. Y en ese momento dice la partera: “contamos 5 más y listo”, pero qué va, no dio tiempo, cuando ella dijo: “Unoooo, puja”… Pujé con todo mi amor, mis fuerzas, mi llanto y mis gritos y escuché el llanto de mi bebé: ¡Grecia había nacido!.

Enseguida la pusieron en mis brazos, la miré, la toqué y la olí mientras seguía gritando y llorando con ella. Todas las enfermeras, las parteras y hasta el personal de limpieza celebraron el nacimiento de nuestra pequeña. Todas se abrazaban, aplaudían, se reían y lloraban.

A Grecia la puse en mi pecho, empezamos la lactancia y hoy, 3 años después, seguimos amamantando y seguimos conectadas como aquel primer día.

La calma demoró un poco en llegar. Aquella sala de parto era un caos espectacular. Aún recuerdo con claridad la imagen de mi esposo, había caído sentado en el sofá cama, tenía las manos en la cara mientras lloraba y se reía al mismo tiempo. Luego se incorporó y vino a besarnos y abrazarnos. Cuando el cordón dejó de latir, él mismo tuvo la mágica oportunidad de cortarlo.

Y aquí la historia debería acabar con un final feliz pero la verdad es que tuve que pedirle que se llevara a la bebé porque me sentía mal. Empecé a vomitar. Hice un desastre descomunal pero todas estábamos tan contentas que a nadie le importó y terminamos muertas de la risa.

No tengo palabras que puedan explicar lo esta experiencia significa para mi vida. Estoy terminando de escribir esto y siento como vibra mi cuerpo y corren las lágrimas por mi cara. ¡Ufff!, me siento poderosa otra vez.

Reconozco que, a pesar de haber leído varios libros y de haber creído que estaba preparada, me faltó orientación y es algo que entre todas debemos cambiar. Tenemos que unirnos cada vez más, hacer grupos, educarnos, conversar, compartir, reflexionar, meditar, aprender y crecer juntas. ¡Tenemos que hacerlo!

Aunque me demoré tres años en lograrlo hoy puedo resumir toda esta aventura como mi parto feliz. Decidí abrazar mi realidad, aceptarla y convertirla en algo positivo, como he hecho con todas las experiencias de mi vida. Durante varias semanas estuve dudando porque no quería parecer hipócrita pero no, no es hipocresía, es una historia contada desde el poder y la magia del empoderamiento femenino.

Con este relato hago el relanzamiento de este blog y doy comienzo a una nueva etapa en mi vida personal y profesional. Ahora con mucha más fuerza, seguridad y claridad, estoy aquí para llevar a cabo mi misión de conectar, acompañar y ser testigo de la transformación miles de mujeres que, como tú, han decidido ser un cerezo.

Gracias por leer mi historia, gracias por apoyarme, por creer en mí y por ser parte de mi pequeño y encantado bosque de cerezos del amor.

Te invito a unirte a mi comunidad en facebook Mujeres al Compás de los Cerezos y a que conectemos en mi instagram Soy un CerezoSi te gustó este post, te pido lo compartas para que el mensaje llegue a muchas mujeres en todo el mundo.

Y ahora dime, ¿ tú tienes una historia parecida o conoces a alguien que la tenga? Cuéntame en los comentarios, ¿qué sientes después de haberla leído? 

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16 Comments

  • Cristina Oliva posted on junio 4, 2018 at 10:05 pm

    Es muy emocionante leer relatos de parto. Me pone la piel de gallina, siento el esfuerzo, el miedo, el poder, la magia de cada mujer que lo cuenta. Y me toca el alma. Pero leer el tuyo, amiga, compañera de este camino… es doblemente emotivo.
    Qué rabia me da leer los abusos que se siguen cometiendo en los paritorios, siempre innecesarios e injustificados. Siento que tuvieras que vivir esa desposesión de lo que era tuyo. Aunque celebro que, por lo menos, el turno de noche estuviese formado por personas más sensibles y abiertas de mente.
    Felicidades a Grecia, a ti como esa nueva Lédif empoderador y como dueña de este estupendo blog!!! 💗💗

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 5, 2018 at 10:15 am

      Mi querida amiga y hermana de camino, muchísimas gracias por tu amor, tu apoyo, tus palabras y tu impulso.
      Tu compañía constante me ha dado fuerzas para poder contar la historia como lo hice hoy.
      Sigamos aprendiendo juntas.
      Te quiero, Cris.

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  • Karina posted on junio 5, 2018 at 4:14 am

    Wow! Que puedo decirte se me puso la carne de gallina, no lo he vivido y creo que no me voy a arriesgar a vivirlo pero te felicito porque a pesar de haber sufrido esa violencia ahora te mantienes fija en tus convicciones y haz superado el repudio que eso causo en su momento…te felicito también por tu enorme deseo de ayudar a otras mujeres que desconocen lo que les espera dentro de una sala de parto. Eres una gran mujer! Prov. 31:10
    En hora buena por el relanzamiento del blog y ahora no pares más…

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:23 pm

      Mi querida Kari, muchas gracias por tus palabras y tu amor. Gracias por acompañarme en este camino y por estar siempre a mi lado. Gracias por ser parte de este gran proceso de transformación que estamos viviendo todas las mujeres. ¡Te quiero!

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  • Rosa Martínez-Mamá y la Tribu posted on junio 5, 2018 at 7:58 am

    ¡Hola, Lédif!
    Me siento muy emocionada y feliz de que nos hayas contado como fue el parto de Grecia y todo lo que experimentaste en aquel momento. El parto es un momento mágico y NUESTRO. Por desgracia, estamos acostumbradas a que nos lo roben debido a todas las presiones que reciben las mujeres al parir en el hospital. El parto debe ser humanizado, las madres y sus bebés son los protagonistas y los que deben decidir en todo momento. Por eso es tan importante difundir y contar estas experiencias de parto. El empoderamiento femenino es un hecho y seguro que tu empoderamiento es un ejemplo y un camino a seguir para otras mujeres. Muchísimas felicidades por este relanzamiento y muchos éxitos. Un beso enorme

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:27 pm

      Mi amiga y hermana de camino, Rosa. Me encanta tenerte por aquí también. Me siento muy agradecida por contar contigo, tu presencia, tu sostén y tu apoyo han sido claves en mi proceso de crecimiento y transformación y ahora aquí, contando mi historia.
      Muchísimas gracias, con todo mi corazón.
      ¡Te quiero!

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  • Ciara posted on junio 6, 2018 at 3:56 pm

    Conmovedora tu historia Ledif. Amo leer este tipo de historias, las de verdad, las que se escriben sin adornitos. Te felicito por ser valiente pero sobre todo por ser honesta. Me da tristeza que el sistema d salud nos siga maltratando, yo lo viví también en ambos partos (me gustaría escribirlo algún día) Y estoy totalmente de acuerdo contigo en que nos falta mucha educación, ese es mi proyecto de vida, ahora mismo estoy haciendo mi tesis doctoral sobre ese tema porque no nos educan para conocernos, para entender nuestro cuerpo así que menos para parir y amamantar, nuestros referentes son las mujeres de telenovela que paren y al otro día andan en tacones, es tan necesario y urgente desmontar esos imaginarios.
    Te abrazo, gracias por compartir tu relato

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:29 pm

      Totalmente de acuerdo con lo que dices, Ciara.
      Me alegra mucho saber que éste también es tu camino y que sigues educándote para lograr ese propósito de vida tan valioso que has escogido.
      Gracias por tu apoyo y tus palabras.

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  • Tribu Cempasúchil posted on junio 6, 2018 at 5:25 pm

    No puedo dejar de llorar.
    Estoy desesperadamente emocionada. Leer esto me conecta demasiado con mi historia. Con mi parto. Con todo lo que me preparé, leí, hice… Conversé con una doula, conversé con el obstetra, con la pediatra, con las enfermeras. Pero nada de lo que quería sucedió. Y solo un mes después logré armarme de valor y fuerzas para empoderarme de mi maternidad.

    No he sanado. Honestamente, aún hay mucho dolor en esas escenas que viví. Tengo mucho que perdonarme y perdonar. Leerte me acerca un poco más a esa meta.

    Gracias por compartir tu experiencia.

    Ivanna.

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:31 pm

      Ivanna querida, gracias por tus palabras. Aunque ya hablamos del tema por correo, me emociona encontrar aquí tu comentario.
      Mucha fuerza y ánimos para ti. Sigue adelante con la esperanza siempre puesta en tu misión de vida.
      Un gran abrazo.

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  • Adriana López posted on junio 6, 2018 at 8:04 pm

    Yo también pase por violencia obstetrica, lamentablemente la atención me llevó a terminar en cesárea. Yo siempre quise ser Doula pero después se está experiencia mucho más. Conociendo mi cuerpo fue que me di cuenta que esa violencia estuvo en todos lados desde que llegue al hospital. Todavía lloró, narrando mi parto, al principio por frustración, luego por darme cuenta todo lo que pase y no sabía que era violencia, con rabia conmigo misma, pero como todo duelo ya pasará y tengo las herramientas para hacerlo de la mejor manera.

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:33 pm

      Adriana, lamento mucho que te sumes a la lista de las que hemos vivido en carne propia la violencia obstétrica. Recibe mi abrazo.

      Por otro lado, me alivia y me alegra saber que ahora tienes las herramientas y la disposición para seguir adelante, enfocada en lo positivo y en el trabajo que hay que hacer.

      Muchos ánimos y mucha fuerza para ti. Un abrazo.

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  • Alejandra Gutierrez posted on junio 7, 2018 at 7:15 pm

    Lédif querida… lloré con cada línea, qué poder, qué super maravilla de mujer eres… tengo mucho que aprender con esta historia, quiero abrazar mi parto así y verme como una mujer súper poderosa.. que aunque sé que lo fui me duele mucho aún pensar en el tema y sentir esa separación de Agus en sus primeros días… No pude vivir ese sueño pero los 3 fuimos muy fuertes y eso hoy nos llevó a ser inseparablemente felices.
    Graciaaas por entender que se puede abrazar ese momento y escoger las emociones que lo acompañan!

    Muchos abrazos cerezo fenomenal!! Gracias por educar madres, gracias por cambiar el mundo de las nuevas generaciones!!

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 8:38 pm

      Mi súper Ale, qué hermoso encontrar tu comentario aquí.
      La verdad es que no había vuelto a mirar el post porque, aunque ya vio la luz, me sentí afectada los primeros días.

      Gracias, gracias por tus palabras y por tu amor.

      Por favor, recuerda lo fuerte, valiente y guerrera que fuiste y que eres con todo lo relacionado a tu maternidad y a la crianza de tu bebé. La realidad es que somos herederas de una forma de vida y de un sistema que hoy nos causa daño, pero el hecho de haberlo sentido en carne propia, debemos usarlo como el motor para que hagamos nuestra parte ahora. Sigamos juntas, luchando por el cambio, Sigamos juntas, sembrando recuerdos de amor.

      Un abrazo enorme para ti y tus chicos.

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  • Marieth Isabel posted on junio 12, 2018 at 6:39 pm

    Como profesional de salud siento culpa de haber pertenecido a este engranaje de sistema de salud que no tiene en cuenta esas necesidades básicas de la diada madre-hijo, me gustaría haber sabido en mi época de estudiante y primeras prácticas lo que sé ahora que soy madre y que me he informado, pero es imposible, y no se puede devolver el tiempo, lo bueno es que aún puedo aplicarlo conmigo misma y mi familia y las personas alrededor en las que pueda aportar. Gracias

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    • Lédif Torres De Aranguren posted on junio 14, 2018 at 9:34 pm

      Marieth, muchísimas gracias por tus palabras y por tu sensibilidad frente a mi historia.
      Sé que con todo lo que has encontrado y lo que sigues aprendiendo, harás que las cosas cambien de aquí en adelante.
      Como dices, lo pasado ya pasó y no lo podemos controlar. Así que vamos a ocuparnos de seguir sembrando recuerdos de amor.
      Un abrazo.

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